Cuando un ser querido muere

La muerte en nuestra sociedad es símbolo de dolor, pérdida y tristeza. Esta asociación negativa es relativamente nueva, ya que en diferentes culturas  ancestrales como la atlante, la egipcia o en la vikinga, la muerte se entendía como una transición, como un continuo, saliendo del cuerpo como alma y viajando a otro lugar en otro plano para después volver a encarnar de nuevo.  El dramatismo en la muerte nació en la antigua Grecia, celebraciones fúnebres pomposas en las que incluso se contrataba el servicio de mujeres que vestían de negro, llevaban velo y pañuelo, y su único cometido en la ceremonia era llorar, sollozar en voz alta, sin parar ni un instante, para supuestamente honrar al difunto, yo me lo imagino con una aire muy teatral.

plañideras

Estas mujeres se hacían llamar plañideras, en el antiguo Egipto ya existían, pero a diferencia que en la antigua roma, grecia o en la época medieval,  eran las encargadas durante el ritual de cuando alguien moría, de dominar toda la energía del dolor y sufrimiento por la pérdida, canalizándola, transformándola, y ayudando así a los Sacerdotes que dirigían el rito del difunto a guiar al alma a un nuevo plano existencial, protegida y bien acompañada. Me consta que hoy en día aún, en España se puede contratar los servicios de plañideras o lamentatrices.

La actitud ante la muerte

La mayoría de las culturas siguientes a la griega adoptaron esta manera de percibir y gestionar la muerte, hasta el punto de crear prohibiciones y restricciones que hacían que los familiares del difunto alteraran su día a día. Por suerte, la parte de las prohibiciones en señal de luto y honra, está desapareciendo. Hoy en día, en un entierro católico las personas acuden vestidas de negro, pero no continúan haciéndolo los días siguientes, ni durante un año. Sin embargo aún hay personas o culturas (como por ejemplo la gitana), en las que siguen acatando varias normas tras el entierro.

Esta actitud ante la muerte, la no aceptación, querer retener al ser querido a nuestro lado demostrándole sufrimiento, nos ancla en el pasado y en la tristeza. Si nos dejamos arrastrar por esta antigua creencia de la muerte, una parte de nosotros se para en seco en el momento de esa muerte, anclándonos  mental y emocionalmente a ese instante, haciendo que siga vibrando en nosotros, recordándonos el  suceso y el dolor a cada momento, alejándonos del presente, de nuestra normalidad y nuestra plenitud, y haciendo que sea aún más difícil acostumbrarnos a que esa persona ya no está en nuestra vida. Resulta absurdo recrearse en la muerte de un ser querido, a menos que sea para festejar su partida y desearle lo mejor en su final de ciclo.

Cuando el alma desencarna 

Nuestro cuerpo físico, junto con nuestros cuerpos sutiles forman un conjunto perfecto que nos conecta a la energía del planeta y a la de la Fuente, nuestra alma necesita este conjunto para poder encarnar en este plano y asumir las experiencias necesarias en su camino de evolución. Cuando el cuerpo fallece, el alma no puede sostenerse por sí misma en este plano, ya que no tiene ese conjunto (cuerpo físico + cuerpos sutiles) que le ayuda a nutrirse continuamente de las energías de la Tierra y el Universo, por lo tanto debe partir, elevarse a otros planos para encarnar con otro cuerpo y empezar de nuevo.  Cuando una persona muere el alma se separa del cuerpo y emprende un viaje de ascensión. Parece automático, el cuerpo fallece y el alma se eleva, pero no es así, pues muchas veces este viaje de salida del cuerpo y ascensión puede entorpecerse por varios motivos.

 Cuando el alma no se siente libre para ascender

Hay varios motivos por los que el alma puede decidir no ascender tras la muerte del cuerpo físico.  Cuentas pendientes, apegos, algo importante que quedó por decir a alguien, o el haber sufrido una muerte violenta o traumática, como un accidente de coche o una caída fortuita, pues el alma puede quedar desorientada incluso puede que ni siquiera entienda que ha abandonado el cuerpo, que ha muerto.

 Pero sobre todo, influye mucho la manera en la que los familiares, amigos y seres queridos, vivan el proceso de aceptación de la muerte del ser querido. Muchas veces los familiares del difunto no son capaces de dejarlo ir, se aferran a su presencia, sin entender que esto hace que el alma desencarnada se vea atada a nuestro plano en vez de poder elevarse, y el motivo por el que se siente atada es el dolor que ve reflejado en todos los amigos y familiares que ha dejado atrás.

 Vamos a comprender esto imaginándonos que somos un alma desencarnada, libre del condicionamiento de la mente, sólo pura conciencia que sabe que ha terminado un ciclo para empezar otro nuevo con otro cuerpo y mucha ilusión. Ahora imaginamos que al desencarnar nos elevamos y podemos ver a todos nuestros seres queridos que aún viven, a través de una ventana, desde otro plano. ¿Os hacéis una idea de lo angustioso que tiene que ser ver a tu hijo, hermano, marido, padre o mejor amigo, sentir dolor, llorar y lamentarse por tu muerte, sin que tú como alma desencarnada puedas hacer nada?

Si esto sucediera estando encarnados seguramente experimentaríamos un sentimiento de culpa, pues a nadie le gusta hacer sufrir de ninguna manera a las personas a las que ama.  Pues el alma desencarnada también sufre, no experimenta culpa, pero si la necesidad de estar cerca de los familiares y amigos que no son capaces de aceptar su muerte.

Qué sucede cuando el alma se ve forzada a seguir en nuestro plano

Cuando un alma está desencarnada y no asciende, tiene que absorber energía de otros seres para poder mantenerse en nuestro plano y existir. Porque por sí misma no goza de un cuerpo físico ni sistema energético que la alimente, puede habitar otros planos vibracionales más elevados que el de los vivos, pero quedarse en nuestro plano le supone un gasto extra de energía que deberá conseguir de alguna manera. Al no tener un cuerpo físico y energético que le proporcione energía no le queda más remedio que engancharse o absorber la energía de los seres de su alrededor. Por lo tanto,  el alma desencarnada deberá tomar parte de nuestra energía o la de varias personas hasta que decida o pueda marcharse al plano de existencia que le corresponda, revisar su vida y prepararse de nuevo para encarnar en otro cuerpo.

El apego emocional, la nostalgia, el no querer creer que esa persona ya no está, son los motivos que hacen a los fantasmas de conocidos y familiares quedarse a nuestro alrededor absorbiendo nuestra energía, con la esperanza de solventar lo antes posible la cuestión y poder marcharse a otro plano más elevado para continuar su camino evolutivo.

Esto es algo negativo tanto para el alma desencarnada como para las personas de su entorno, pues el alma se ve obligada a quitarnos parte de nuestra energía, y para nosotros esto supone un desgaste y sentir como llevamos un peso encima que no nos pertenece. Es un arma de doble filo, pues nos sentimos acompañados por el alma del difunto pero a la vez estamos perdiendo mucha energía y esto entorpece nuestros quehaceres y nuestro día a día.

Reflexión

Todos hemos sufrido la muerte de un ser querido, y todos hemos sentido alguna vez el dolor por la pérdida. Pero, qué sucede cuando le aplicamos nuestra conciencia? Me refiero, al conocimiento de que somos almas en este camino de evolución que utilizamos varias vidas y varios cuerpos para poder completar nuestro aprendizaje, y que, nuestra alma nunca muere, sólo muere el vehículo (el cuerpo). Pues parece ser, que aunque seamos muy conscientes de ello, y tengamos esta información muy integrada, aunque sepamos que la muerte del cuerpo para el alma es una liberación, que significa que su camino sigue, aunque tengamos claro totalmente esto, aun así sentimos dolor, tristeza, y apego emocional. Dicho esto, os invito a hacer una reflexión, y os pido que abráis vuestra mente y vuestro corazón. Ahí va la pregunta: -¿No estamos siendo egoístas, intentando retener a esa alma a nuestro lado a expensas del dolor que estamos sintiendo por su pérdida? Realmente, si le deseamos lo mejor,¿ por qué no somos capaces de soltar el vínculo que nos une, entendiendo que así estamos ayudando al alma para que encarne de nuevo lo antes posible y así poder seguir con su camino?

A veces, el egoísmo, fruto del dolor por una pérdida supera al Amor.

Suena crudo, pero si lo reflexionamos profundamente quizás entendamos, que intentar retener a un alma (sea cual sea el parentesco con ella) en nuestro plano, simplemente porque creemos que nos alivia sentir su presencia cerca o notar que aún “no se ha marchado del todo”, estamos siendo muy injustos con esa alma, en ese momento estamos pensando únicamente en nosotros y en nuestro sufrimiento por la pérdida. Porque el alma del difunto, al igual que cuando nuestra alma abandone nuestro cuerpo, necesita partir hacia otro lugar, necesita dejar de compartir nuestra realidad para subir otro peldaño en su evolución.

Tenemos que conseguir conectar con el amor, pese a la tristeza que nos suponga no ver nunca más físicamente a esa persona, no poder abrazarla o tocarla, o escuchar su voz. Debemos conectar con el Amor puro que sentimos hacia ese ser, comprendiendo así que lo mejor es no retenerlo en nuestro plano, porque debe continuar su viaje, por mucha pesadumbre o pena que esto nos haga sentir. Debemos ayudar al alma a que se libere, que sienta que aquí ya no le queda trabajo por hacer, que está perdonada, libre.

Un modelo de despedida

Quiero compartir con vosotros lo que sería una carta de despedida a un ser querido difunto, para honrarle y ayudarle a ascender, y ante todo dejarle claro que con nosotros no ha quedado nada pendiente, que sólo debe partir. Os la podéis descargar haciendo click en el siguiente enlace:

Carta a un ser querido

Aconsejo prender una vela blanca que sirva de guía al alma desencarnada y entonces leer en voz alta y con el corazón la carta. Tomaros unos minutos durante la noche para hacerlo, os aconsejo prender durante 9 días, empezando un sábado, una vela blanca a la misma hora y leer la carta en voz alta. Quizás la leáis y la primera vez no experimentéis nada, pero si creéis que necesitáis ayudar a un alma cercana a liberarse, o si, cuando leáis este artículo os resuena hacerlo, no lo dudéis, estáis haciendo el Bien. Veréis que a medida que leáis en voz alta las palabras sagradas, vuestro corazón se irá abriendo  y liberando, si necesitáis llorar, pues llorad, si necesitáis reír, pues reíd, y estad atentos, pues recibiréis alguna señal de algún tipo que os sugiera que el alma está agradecida por vuestra ayuda y que ya ha podido partir.

vela

 

 

selene

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